Hace cinco años leí “Lo que esconden las olas”, (reseña) que me gustó mucho. El año pasado leí “Ponte en mi piel” (reseña), que me apasionó. Fue una de mis mejores lecturas del año, lo he recomendado por activa y por pasiva y a todo el que se lo ha leído por mi recomendación le ha encantado. Con estas premisas, Emma Lira se ha convertido en una autora que siempre tendré en cuenta. Así que hoy os traigo su última novela: “El último árbol del paraíso”.
Éstas son mis impresiones
Ficha técnica
Editorial: Planeta
Páginas: 512
ISBN: 978-84-670-5882-6
Sinopsis
Gabriel de Velasco tiene los ojos del color del océano que sueña con navegar, pero, cuando a los once años se ve forzado a ingresar en el Colegio de los Jesuitas, asume que, en ese nuevo mundo, a principios de siglo XVIII, ya no queda nada por descubrir.
Sin embargo, el estudio de hierbas y especias le atrapa y a través de sus embriagadores aromas es capaz de entusiasmarse, de intuir otro universo prohibido. Un mundo de hombres feroces y nativas de ojos rasgados, de rutas comerciales y puertos clandestinos. Un mundo de plantaciones regadas con sangre, sultanes esclavos de los intereses europeos y piratas capaces de apropiarse por igual de bellas mujeres y ricos cargamentos. Un mundo en que los árboles tienen más alma que los hombres que desean acabar con ellos.
Un mundo de sabores y pasiones que le está vedado. O eso es lo que él piensa.
Impresiones
La novela se estructura en dos tramas que comienzan como historias independientes hasta que, lógicamente, acaban por confluir.
En la primera de las tramas tenemos a Gabriel Velasco, el menor de los tres hijos de un matrimonio extremeño. Un niño guapísimo, rubio y de ojos azules, de maneras suaves y hablar inteligente que no tiene nada que ver con sus dos hermanos mayores. Aunque él sueña con viajar y ver el mar como su segundo hermano, su padre decide meterle interno en un colegio de Jesuitas para que estudie y, en un futuro, se ordene sacerdote. En el colegio descubre el mundo de las plantas, se especializa en botánica, y gracias a que los jesuitas tienen misiones por el mundo entero, podrá cumplir su sueño de viajar.
En la segunda de las tramas tenemos a las primas Pereira, Cintia y Cornelia. Hijas de dos guapísimas hermanas que sufrieron un triste destino, ambas primas se han críado casi como hermanas en la casa que dirige con mano férrea el padre de Cornelia, holandés dirigente de la compañía holandesa en Ternate, Islas Molucas. Cintia y Cornelia son tan bellas como sus madres aunque el color de la piel de Cintia deja adivinar su origen mestizo. Cintia es criada como cualquier europea de clase alta, hecho que le permite acceder a la cultura, pero también se siente íntimamente unida a la tierra que le vio nacer y a las costumbres de los indígenas, transmitidas por el aya que las crió.
Durante muchísimas páginas, ambas tramas coexistirán armoniosamente sin que como lectora me haya podido decantar por ninguna de ellas. Tanto monta, monta tanto, Gabriel como Cintia. Las historias de ambos son preciosas y con ambos he sentido afinidad. Ambas son igualmente interesantes. A ambos les conoceremos desde pequeños y les veremos crecer y evolucionar. Hasta que las dos tramas, como ya se esperaba desde un principio, acaban por confluir y, entonces, no hay alternancia de historias ni de capítulos sino una historia continua tan bella e interesante como lo fueron las tramas independientes.
“El último árbol del paraíso” es una novela de aventuras y una ficción histórica pero, además, una saga familia, una (o varias) historias de amor y desamor, guerras, traiciones, luchas… Hay de todo y ello hace que pasen muchísimas cosas y que no de respiro al lector.
Como novela de ficción histórica, nos hablará de las Molucas y la situación en las mismas en el siglo XVIII. Tras la influencia española y portuguesa, ahora son los holandeses los que están allí para explotar el clavo, fruto del clavero que sólo crece allí y que era muy apreciado en Occidente. También nos hablará de la Compañía de Jesús, los jesuitas, que en aquel momento aún tenían tanta fuerza como muchos reinos y que se encontraban dispersos por todo el orbe. Es una novela con la que, sin darnos cuenta, aprenderemos mucho de una parte del mundo tan lejana a nosotros.
Pero más que de ficción histórica, podríamos definirla como una novela de aventuras. A los personajes les pasan muchas cosas y tanto Gabriel como Cintia, primero separados y luego juntos, van a estar en el centro de todo tipo de historias que no les darán ni un momento de respiro.
La ambientación es fantástica. Si algo sabe hacer esta autora es dejarnos “ver” las escenas que describe. Ya lo descubrí en las anteriores novelas, pero es que en ésta además de “ver” podemos “oler” los aromas a naturaleza, especias y, especialmente, clavo. Sus descripciones son tan exactas, tan sensoriales, que es imposible no trasladarse allí con la imaginación y vivir lo mismo que están viviendo los personajes.
Los personajes son igualmente fantásticos. Tanto los dos protagonistas como los que les acompañan. Todos están perfectamente caracterizados y acabamos conociéndoles perfectamente, odiándolos o amándolos pero, sobre todo, entendiéndolos.
La prosa de la autora es bellísima. Descriptiva, evocadora, sensual en ocasiones y envolvente. Va avanzando poco a poco; no es una novela de ritmo rápido aunque esté llena de aventuras sino que pide, más bien, ser degustada poquito a poquito, como la delicatesen que es.
Conclusión final
De nuevo, Emma Lira me ha convencido con una novela preciosa escrita con mucho mimo. No dudo en recomendárosla.